Guanajuato, Gto., 01 de noviembre de 2026.- Los pasillos, oficinas, auditorios y espacios de nueve direcciones adscritas a la Secretaría de Seguridad y Paz se transformaron en lugares de tradición para honrar, recordar y ofrendar el recuerdo de sus muertos.

El concurso interno no solo permitió ver altares tradicionales que cumplen con los siete niveles, lo que representa los pasos necesarios para que el alma llegue al descanso. Se convirtió en una experiencia interactiva y multisensorial para los jueces y otros asistentes.
Los altares que participaron en el concurso fueron: “Semillas de esperanza, frutos de vida eterna”, “De la tierra al cielo: 100 de José Alfredo Jiménez”, “Ecos de una misión cumplida”, “Altar de la gente: el legado de servir”, “Bajo la tierra y el tiempo: memoria de Guanajuato”, “Entre el Mictlán y la eternidad”, “Caminos de la luz entre muros de sombra”, “Las raíces de la prevención, un legado que trasciende” y “Recuérdame para siempre”.

Entre el Mictlán y la eternidad”
Porque una vida de servicio no termina con la muerte. Así comenzó el homenaje de la Comisaría General de las Fuerzas de Seguridad Pública del Estado a personal operativo y administrativo que, desde sus distintas funciones, contribuyeron a la institución.
Su altar representó las nueve etapas del Mictlán, el lugar al que, según la tradición mexica, llegan las almas después de la muerte, en su camino hacia el descanso eterno.



Entre danzantes, flores, y representaciones de cada elemento se mostró que el altar no representa solamente la muerte, sino también la memoria, el honor y el legado.
Caminos de la luz entre muros de sombra
La experiencia comenzó en los pasillos del Centro de Prevención y Reinserción Social (Ceprereso) de Guanajuato capital, con un pasaje en penumbras en el que se exhibieron osamentas y momias de cartonería que evocaron el tránsito de las almas. Toda la indumentaria fue realizada por manos de las personas privadas de la libertad.



Al salir de estos pasillos una pintura en el suelo guiaba hacia un camposanto, a un sembradío de cempasúchil y un mural de dos calaveras unidas por un beso, para llegar finalmente al altar, entre olor a incienso y el recuerdo en fotografía de los custodios caídos.
Los jueces felicitaron a todos los participantes por el empeño y esfuerzo en cada uno de los altares en esta edición, y decidieron que las FSPE se llevaran el primer lugar y el Catrín de Plata.

