León, Guanajuato; 20 de octubre de 2026.–. Desde 2021, Beatriz Eugenia Anaya Negrete, conocida cariñosamente como Bety, enfrenta el cáncer de mama, a sus 53 años, su historia es un testimonio de fortaleza, esperanza y del valor de seguir adelante incluso en los momentos más difíciles.



Todo comenzó cuando descubrió una pequeña bolita en uno de sus senos. A partir de entonces, sus estudios y atención médica se realizaron en el Hospital General de León, donde recibió el diagnóstico que cambiaría su vida.
Una biopsia fue la única cirugía a la que pudo someterse, pues la enfermedad ya se encontraba en etapa cuatro, con metástasis en la columna, el pecho y los pulmones. Posteriormente, también se identificaron lesiones en la rodilla izquierda y la pelvis.
Con quimioterapias, radioterapias y medicamentos, Bety ha enfrentado distintas etapas de su tratamiento, aunque algunas zonas de su cuerpo han mostrado mejoría, recientemente recibió la noticia de nuevas lesiones en el cerebro, un desafío más en este camino que continúa recorriendo con entereza.
“Yo les digo siempre que la actitud es muy importante. Tienen que echarle ganas”, comparte Bety, convencida de que mantener la esperanza y encontrar motivos para continuar es parte importante de su vida cotidiana.
En medio de la enfermedad, también ha encontrado formas de cuidar sus emociones, se ha acercado a fundaciones y terapias, busca mantener su mente ocupada y procura transmitir ánimo a su familia, incluso cuando ella misma atraviesa días complicados.
Para Bety, el acompañamiento entre mujeres es fundamental, considera que apoyarse unas a otras, compartir experiencias y buscar ayuda puede hacer una diferencia para quienes enfrentan un diagnóstico de cáncer. Su mensaje es claro: no dejar de buscar alternativas de atención y encontrar redes de apoyo durante el proceso.
Cabe mencionar que la Secretaría de Salud de Guanajuato mantiene acciones de promoción, prevención y detección oportuna del cáncer de mama. Así, de enero a septiembre de 2026, realizó 44 mil 88 mastografías de tamizaje, dirigidas a mujeres de entre 40 y 69 años, como parte de una meta anual de 105 mil 586 estudios.
La historia de Bety recuerda que detrás de cada diagnóstico hay una persona, una familia y muchas razones para continuar, mientras enfrenta una nueva etapa de su enfermedad, conserva su fe y comparte un mensaje de solidaridad: acompañarse, buscar apoyo y vivir cada día con esperanza.