Dora Isela Castro, cocinera tradicional de Celaya recuerda su infancia en el fogón que se convirtió en orgullo de Guanajuato.

• Representante del municipio de Celaya, porta recetas de raíz otomí y platillos que nacen del recuerdo familiar y del trabajo comunitario.

León, Guanajuato a 4 de febrero del 2026.- La cocina tradicional de Guanajuato se construye con memoria, constancia y afecto. Así lo refleja la historia de Dora Isela Castro, cocinera tradicional que representa a Celaya, cuya vocación nació desde la infancia, entre fogones, molcajetes y el acompañamiento de su madre, tías y abuela.

Dora Isela recuerda que comenzó a acercarse a la cocina cuando apenas tenía tres años. No podía levantar el tejolote del molcajete por su peso, pero insistía en ayudar. “Yo golpeaba como podía para que la salsa quedara bien sabrosona”, cuenta. Desde entonces, la cocina se volvió parte de su vida cotidiana y de su forma de expresar cariño.

Nunca se imaginó como cocinera tradicional. Su intención siempre fue cocinar para su familia, darles gusto y compartir alimentos preparados con dedicación. Con el tiempo, ese saber se transformó en una fuente de sustento. Gracias a su trabajo en la cocina, logró sacar adelante a su familia y encontrar estabilidad económica.

Atender al público le abrió nuevas oportunidades. Conoció personas, fortaleció relaciones y recibió respaldo para seguir creciendo. Su talento la llevó a participar en encuentros gastronómicos fuera del estado. En el sexto festival realizado en Guadalajara, compitió junto a cocineras de distintas entidades y obtuvo el primer lugar para Guanajuato con un platillo ancestral de origen otomí.

El platillo ganador fue un caldo capón o gallo, elaborado a base de jomjoles. Para Dora Isela, prepararlo despierta emociones profundas. “Me remonta a mi infancia”, expresa. Su abuela cocinaba esta receta y, aunque no quería enseñarla, Dora Isela observó cada paso. La primera vez que logró prepararla por su cuenta sintió una alegría inmensa y, con el tiempo, perfeccionó la receta sin perder su esencia.

Además de este platillo, Dora Isela conserva otras preparaciones que forman parte de la vida diaria en su municipio. Destacan los chiles rellenos de tomate, elaborados con chile negro o pasilla, acompañados con queso ranchero, frijoles y atole. Este atole, conocido localmente como jugo de maíz, también se sirve con buñuelos y representa una tradición familiar.

En su participación en la Feria Estatal de León, Dora Isela decidió presentar uno de los platillos más representativos de Celaya: las gorditas de tierras negras. Su nombre proviene de un barrio tradicional y no guarda relación con tierra o lodo. Estas gorditas se preparan con rellenos como queso, migajas o guisos, y se acompañan con bistec en salsa verde, chicharrón, tinga de pollo sin grasa o champiñones a la mexicana.

Dora Isela subraya que su cocina mantiene el sabor auténtico y el respeto por los ingredientes. Cada platillo refleja el trabajo diario, la herencia familiar y la identidad de su comunidad, más allá de la fama de la cajeta que distingue a Celaya.

Su historia representa a muchas mujeres que encontraron en la cocina tradicional una forma de salir adelante, preservar la memoria de sus familias y compartir con orgullo los sabores de Guanajuato. En cada preparación, Dora Isela Castro transmite esfuerzo, cariño y una herencia que sigue viva en cada fogón.

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